miércoles, 26 de octubre de 2011

miércoles, 13 de julio de 2011

Un buen día para morir.

Hoy amanecí pesimista, pesimista y funesto.

No es la tristeza  habitual de esa con la que amaneces no se porque, me levanté temprano para ir a partirme el lomo al trabajo, bajé a la cocina e intenté desayunarme algo pero no pude "para que" pensé "si a  lo mejor muero hoy".

Me despedí de beso de mi madre, molestandola antes de tomar camino, no pude ver a mis hermanos para "despedirme", en el camino me encontré a mi padre que paseaba a los perros  en la acera de enfrente, nos dijimos un adios con señas, la misma seña pero con significado diferente;  Mientras levantaba la mano pensaba por dentro "es la ultima vez que veo al viejo".

Y así transcurrió la mañana mientras yo pensaba como iba a morir, si en un accidente o de un ataque al corazón, si moriría en la oficina o en la calle como perrito sin dueño.

Jamás imaginé sangre o algo grotesco, solo tuve esa sensación de que este día podía morir, y no me importaba, la mortal certeza no me inquietaba en lo mas mínimo.

Al atardecer el sentimiento casi se iba, diluido con el agua de la lluvia que me sirvió para refrescar la cabeza y el corazón de esa indiferencia que se te mete en el cuerpo a veces.

Caminé un poco por el centro, mientras veía la catedral y pensaba en nada, si curioso, en nada, algo que cuando te lo propones es imposible.

El día termino y aquí estoy, todo igual, un día más.